Radicales y tradicionales

0
328

Narciso Isa Conde

narsoisa@gmail.com

Está muy generalizadamuy generalizada la convicción popular de que corrupción e impunidad no son tales o cuales casos, x o y personajes, o ésta o aquella circunstancia, sino un sistema que incluye todas las instituciones y partidos que lo controlan.

Igual es dominante la opinión, que sin descartar pasadas y presentes responsabilidades propias de la llamada oposición tradicional (PRD-PRM, PRSC, PQD, PRI…) en la corruptela gubernamental, congresual y municipal- le asigna a la cúpula peledeísta y a sus dos presidentes (Leonel y Danilo) la principal cuota reciente de delitos de Estado y denuncia al Presidente Medina y su gobierno como los actuales jefes de la fábrica de corrupción y la maquinaria que le garantiza impunidad a la mafia política, empresarial y militar-policial entronizada en el poder.

La gran fuerza de estas apreciaciones está reflejada incluso en manifiestos y proclamas de Marcha Verde, respaldadas por movilizaciones multitudinarias; mientras los “grandes partidos” (de gobierno u oposición) pierden aceleradamente su poder de calle y exhiben diversos síndromes de decadencia. La progresiva degradación del poder constituido –fenómeno que antecede al movimiento verde- ha generado una crítica cada vez más radical respecto al Gobierno, sistema judicial (incluidas “altas cortes”), Congreso, organismos fiscalizadores, PN, DNCD, partidos del sistema, medios comunicadores y complacientes, mecanismos electorales…

Ahora bien, esa radicalidad de opinión, no siempre está acompañada de la necesaria radicalidad en las propuestas superadoras, porque todavía un sector significativo de los críticos del sistema de corrupción e impunidad (incluido comunicadores influyentes y alta estima) temen plantear la necesidad de una ruptura de este orden institucional degradado y se resisten a asumir el imprescindible proceso destituyente de instituciones, gobierno y funcionarios detentadores de ese poder y generadores una anti-democracia gangrenada.

Siguen, por demás, penosamente atados a un electoralismo tradicional dentro de esta dictadura constitucional corrompida y corruptora, y menosprecian la precariedad para los cambios necesarios de mecanismos electorales tramposos al servicio de un régimen de partidos que todavía hegemoniza el PLD y que además carece de opciones opositoras sustancialmente distintas. Por eso ni siquiera son suficientemente críticos de la JCE, TSE y TC y rehúyen plantear modificaciones en su composición como garantía de comicios confiables.

Ellos/as todavía lamentablemente adversan el planteo de una necesaria quiebra democrática del poder constituido mediante movilizaciones y paralizaciones, y también la propuesta de un proceso constituyente que desemboque en una Asamblea Constituyente Soberana.