No es lo mismo ni se escribe igual

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L AUTOR es electricista industrial. Reside en Nueva York.

Escuchamos al ingeniero José Israel Cuello decir, en un programa de la televisión matutina de la República Dominicana, citamos: “La emigración dominicana en los Estados Unidos, es más grande, mucho más grande que la haitiana aquí” cerramos la cita.

El comentario vino a raíz del tema que estaba en la palestra pública en esos momentos, que era la firma del famoso pacto por la migración.

Vamos a diferir totalmente de esta apreciación de un intelectual, al cual admiramos muchísimo.

Tomando cifras muy conservadoras, podemos decir que en la República Dominicana tenemos alrededor de un millón de haitianos, la mayoría, no solo ilegales sino también indocumentados, pues en Haití no se acostumbra a proveer de documentos a sus nacionales. Eso representa el 10% de nuestra población.

Para que la inmigración dominicana en los Estados Unidos sea mucho mas grande que la haitiana en la República Dominicana, en términos porcentuales, los dominicanos en esta nación, tomando en cuenta su población, deberían ser 32 millones, Apenas somos un millón ochocientos mil

Solo los mexicanos, con sus 35 millones de inmigrantes, tienen una proporción de ese tamaño.

El ingeniero Cuello dice que las migraciones ayudan al desarrollo de los países y que la República Dominicana es un país de inmigrantes.  En eso estamos totalmente de acuerdo, principalmente en el caso dominicano, donde todos somos inmigrantes o descendientes de inmigrantes pues la población indígena fue totalmente exterminada.

Pero, para que una inmigración ayude en el desarrollo de una nación esta tiene que ser controlada y regulada.

Lo primero es, sacarle de la cabeza a esos inmigrantes, que el territorio donde han sido acogidos les pertenece.

Hacerles entender que antes de la proclamación de Haití como república a principios del siglo XIX, ya existía en la isla, por más de  300 años, un pueblo de criollos descendientes de los primeros europeos y de los primeros esclavos africanos, que vivían en armonía, unidos por una cultura, creencias y costumbres comunes.

Nosotros aquí en los Estados Unidos tenemos que cumplir todas las leyes de esta gran nación.

Hasta los ilegales pagan impuestos y, aun así, esto no les concede derecho a servicios sociales, como salud, desempleo, pensiones, etc.

Para tener acceso a estos servicios usted tiene obligatoriamente que regularizarse. “Arreglar sus papeles” como se dice popularmente.

En la mayoría de los países pertenecientes a la ONU, la nacionalidad no se adquiere de manera automática al nacer, aunque usted sea hijo de inmigrantes legales.

Sin embargo, en la República Dominicana, el gobierno ha estado invirtiendo una gran cantidad de dinero, que no nos sobra, para regularizar los extranjeros ilegales en territorio nacional, totalmente gratis.

Esto no lo ha hecho ningún país en el mundo.

La firma del “Pacto mundial para la migración segura, ordenada y regular” era absolutamente innecesaria.

Hace mucho tiempo que nosotros estamos haciendo por los inmigrantes, principalmente haitianos que son la inmensa mayoría, mucho más que eso.

Aun así, no nos sacan el guante de la cara.

Se imaginan que pudiera suceder si nosotros mismos nos hubiéramos impuesto esa camisa de fuerza.

No podíamos estampar nuestra firma en un documento donde uno de sus objetivos es el siguiente:

  1. Utilizar la detención de migrantes solo como último recurso y buscar otras alternativas.

La alternativa a esto podría ser muy peligrosa.