September 19, 2020

País Distinto Press

¡La Verdad Hecha Palabra!

Luis Abinader y sus “circunstancias”

EL AUTOR es director de ALMOMENTO.NET. Reside en Santo Domingo.

“Yo soy yo y mis circunstancias”. José Ortega y Gasset

Casi siempre una circunstancia es determinante en la carrera de un líder.

Después de haberse visto obligado a abandonar el país en 1962 e iniciar un amargo destierro, Joaquín Balaguer fue en 1966 favorecido por cuatro circunstancias: 1) el derrocamiento del presidente Juan Bosch en 1963, 2) la guerra del 1965, 3) la segunda intervención de Estados Unidos en territorio dominicano ese mismo año  y 4) la necesidad que esta última nación tenía de impedir la hegemonía en Occidente de la Unión Soviética tras la revolución cubana de 1959.

El líder reformista duró 12 años gobernando. Pero como la vida y la historia están sometidas a la ley de un constante renuevo, fue derrotado en 1978 por Antonio Guzmán Fernández, del Partido Revolucionario Dominicano (PRD).  En este año abandonó por segunda vez el poder SIN NINGUNA POSIBILIDAD de volver a ocuparlo.

Pero de nuevo en los ocho años siguientes las circunstancias le favorecieron. En ese lapso se produjeron: 1) Las contradicciones internas del PRD, 2) el suicidio del presidente  Guzmán Fernández y 3) Las controversias en que se vio envuelto el entonces presidente Salvador Jorge Blanco.  Gracias a ellas Balaguer pudo retornar al solio presidencial en 1986 y durar en él otros diez años.

Leonel Fernández, con apenas 43 años, llegó al poder en el 1996 gracias a la circunstancia de que Balaguer decidió cerrar el paso a José Francisco Peña Gómez, candidato presidencial del PRD, y fundamentalmente a su compañero de boleta, Fernando Alvarez Bogaert, para lo cual inclinó el peso de la balanza en favor del Partido de la Liberación Dominicana. (En esa oportunidad dejó de lado sus antiguas contradicciones con el PLD, el partido del escritor y político, Juan Bosch, entonces física y mentalmente disminuido por razones de edad y salud).

Debido quizás a la inexperiencia y a otros factores, Leonel entró rápidamente en un período de impopularidad y al cabo de cuatro años, en 2004,  fue fácilmente derrotado por Hipólito Mejía.

De Hipólito puede decirse, sin temor a equívocos,  que fue el primer político de los últimos tiempos que logró obtener el poder por méritos propios, de manera natural, sin que ninguna circunstancia trascendente lo impulsara.  Sin embargo, después de este logro, las circunstancias le fueron mas bien adversas. De ellas la más negativa fue una crisis bancaria sin precedentes.

Es así como Fernández, volvió al poder en el 2004 y gobernó holgadamente hasta el 2012, cuando llegó a la presidencia por primera vez Danilo Medina, también por méritos propios y sin que soplara ningún viento fuerte a su favor.  

Medina ha durado ocho años ejerciendo la primera magistratura, pero a pesar de que tenía intenciones de seguir en el poder y de que no gobernó mal,  fue derrotado abrumadoramente en las elecciones del pasado 15 de julio del  2020 por Luis Abinader, un líder nuevo y  con un partido joven, de poca fortaleza estructural.

El triunfo de Abinader no ha sido fruto de que él gozara de una gran popularidad ni tampoco de que el electorado se haya sentido cautivado por su discurso ni promesas de campaña. Pura y simplemente, ha sido favorecido por cuatro importantes circunstancias: 1) el cansancio de la población por el largo ejercicio gubernamental ininterrumpido del PLD; 2) Las contradicciones y posterior división de esta organización, 3) las abundantes denuncias de corrupción durante los gobiernos peledeístas, y 4) Las ansias que tiene el pueblo dominicano de que haya un cambio radical en el estado de cosas en que últimamente ha estado viviendo el país.

Hay que reconocer que a Luis Abinader y su Partido Revolucionario Moderno (PRM) les toca comenzar a gobernar este 16 de agosto en momentos mundialmente adversos; pero ello no significa que no tengan ante sí un panorama político promisorio.   Las mismas circunstancias que les han favorecido para alcanzar el poder, se presentan en el escenario como alfombra de seda para que ellos puedan, al menos en los primeros tiempos, transitar con holgura.

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