Lo prometido es deuda

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Melvin Mañón

Nota: Este artículo es una continuación del anterior titulado: Por que no hay oposición y este es un párrafo que introduce al lector en el tema: “¿Por qué no hay partidos ni dirigentes capaces, resueltos, innovadores? ¿es que todos nos hemos vuelto brutos, corruptos, ineptos y cobardes? ¿qué le sucede a la sociedad dominicana que se deja pisotear, estafar y estuprar cada día? ¿Cuándo comenzó esta historia? Y lo mas importante. . . ¿cuándo y como terminará?

Leonel Fernández ganó las elecciones del 2004-2008 haciendo y diciendo todo lo que el “mercado político” esperaba. Vestía, hablaba, se comportaba, usaba imágenes que realzaban la esencia de su propuesta de entonces que se resumía en una sola palabra: modernidad.  Y si alguien preguntaba en la RD de entonces, ¿que quería la gente consumir? modernidad. ¿A que querían aspirar? Modernidad. ¿Cual era la meta colectiva? Modernidad. Leonel encarnó esa ilusión y la desplegó con convicción especialmente y como contraste a un PRD que con Hipólito Mejía y Miguel Vargas solamente evocaban el pasado.

Leonel Fernández fue en términos de campaña electoral mucho mas que eso y no puede decirse que esos triunfos fueran producto de la inversión masiva de dinero AUNQUE YA EN 2008 hubo bastante. Fueron, sobre todo, producto de una lectura correcta del termómetro político, de la organización y logística necesarios para ganar votos en cada demarcación, del dinero bien empleado y de uno que otro abuso de poder, de dinero o de coyunturas.

Así como Kennedy fue el primer presidente de EEUU hecho por la televisión, así mismo Leonel Fernández fue el primer presidente “moderno” en su discurso, su lenguaje corporal, su desempeño mediático.  Fue el quien rompió la tradición caudillista porque ni se le podía asociar a esa tradición ni a la cultura que la había albergado. Pero Leonel Fernandez fue también un candidato que debió su triunfo a la eficiencia de una maquinaria partidaria que funcionaba con la disciplina que no tenían los demás y operaba con una agenda.  En el caso de Fernández, no se trató nunca de que sus encantos personales, su simpatía, su glamour ni su discurso fueran excepcionalmente buenos ni nada por el estilo. En el caso de Leonel Fernández, ellos, en el PLD interpretaron correctamente el apetito dominicano por la “modernidad”,  supieron aprovecharlo y se organizaron para eso y fue la combinación de una lectura correcta con la disposición o despliegue de los recursos para instrumentarla lo que decidió a su favor. En esa época Leonel no ganó con bono luz, ni bono gas ni ninguno de esos subsidios. Ganó porque políticamente ellos entendieron la situación y sus adversarios no. Ganaron porque la “modernidad” tenía mas fuerza que la “patria” y porque ya, el mercado era mas importante que la nación. Pero no lo entendíamos. Quizás tampoco ellos lo entendían a plenitud.

El papel de la maquinaria partidaria suple o complementa el desempeño de candidaturas cuando los encantos y el carisma del candidato o su empaquetadura no resultan suficientemente apetecibles para el electorado que debe comprarlas. Entonces, así como los promotores, la publicidad y las técnicas de mercadeo ayudan a empujar el producto conjuntamente con la red de distribución, así mismo la maquinaria partidaria cuando está bien organizada y funciona, apuntala al candidato y suple lo que le pueda faltar a este en materia de carisma. Pero suplir es una cosa. Sustituir es otra.  Don Antonio Guzmán además de la coyuntura que lo llevó a la presidencia por el hastió con Balaguer, fue beneficiado por la maquinaria del PRD que buscó, peleó y defendió los votos a favor de su candidato. El inefable Danilo Medina sin discurso propio ni carisma personal aprovecha a su favor no solamente los dineros nuestros sino también sus propias destrezas, su control de la maquinaria partidaria, las posiciones de poder e influencia alcanzadas. Despojado por completo de escrúpulos, Medina navega sobre el rechazo empresarial a la inestabilidad y la ingobernabilidad, se lucra del miedo de una sociedad endeudada, aprovecha la falta de experiencia de sus adversarios y aplica concienzudamente una norma: prefiere comprar la oposición a reprimirla. Todo, como se puede ver muy mercadológicamente concebido y ejecutado.

La oposición en la RD no dispone de una maquinaria partidaria que pueda –supliendo deficiencias de un candidato particular- empujar vigorosa y eficientemente- un proyecto de poder. Pero, tampoco tenemos un candidato lo suficientemente fuerte, sólido y carismático para reducir la importancia de la maquinaria partidaria en el mismo o equiparable proyecto de poder. Los partidos y candidatos existentes son “light” y están en sintonía con lo que era la sociedad dominicana hasta el 22 de enero de 2017 pero quedan cortos respecto a las exigencias de la sociedad dominicana que empieza a surgir del 2018 en adelante.

Entonces nos acercamos a la primera de la numerosas paradojas que caracterizan nuestro presente. El país anda con un reclamo creciente de orden ante la inseguridad reinante, honestidad frente a la corrupción rampante, justicia ante la impunidad descarada y determinación de poner esta casa en orden. Sin embargo, esa misma sociedad no ha encontrado aun ni un candidato ni una organización partidaria que encarnen con convicción, determinación y astucia ese reclamo.

Se busca sabiduría, carácter y capacidad política pero en la oposición quieren ser simpáticos, conciliadores, amplios, tolerantes etc. y no logran convencer. Sumisos se pliegan a la agenda LGTB porque “hay que ser modernos no atrasados”, otros no se atreven a desafiar a la iglesia católica con el tema del aborto a pesar de que dicha iglesia carece de influencia y de poder real y no toman posiciones claras, categóricas y convincentes en ningún tema controversial. Ni persiguen a los corruptos, ni prometen orden ni amenazan con castigo.  No son lideres de nada sino termómetros; marcan la temperatura propia no la que tiene el cuerpo social.  Ahora es mas fácil entender que le falta a Luis Abinader, donde está estancado, por qué no convence. Sin carisma ni tampoco maquinaria partidaria necesita una lectura exacta de la situación, del ánimo, de las esperanzas, de los sueños y de las pesadillas que atormentan a este pueblo ahora.  Creo que el mismo Abinader y otros no han entendido que así como pasamos de la sociedad política el mercadeo puro y simple, ahora estamos regresando al plano político pero el y otros siguen incrustados en los esquemas de mercadeo.

En el próximo articulo veremos las diferencias entre candidatos, partidos y proyectos de poder.