Laurent Simons, el niño belga de 8 años que ha comenzado la universidad

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S. F.
@abc_familia

El niño belga Laurent Simons, con un cociente intelectual de 145, terminó la enseñanza secundaria el curso pasado con solo ocho años, diez antes de lo previsto, y este año ha entrado en la universidad. Los psicólogos de la UOC aseguran que este salto tan drástico podría acarrearle problemas emocionales y de socialización, y apuestan por dotar a los profesores de más herramientas a la hora de detectar a niños con altas capacidades y adaptar el currículum a sus necesidades.

Según los profesores colaboradores de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC Ramon Duch y Raúl Tárraga, cuando se plantea la aceleración escolar para un estudiante con altas capacidades, deben medirse muy bien los beneficios curriculares, pero también las repercusiones que este hecho puede tener en el aspecto emocional y en la adaptación social. Entre los riesgos que ven están las pocas posibilidades que tendrá el niño de interactuar con chicos de su edad, sentirse desubicado en un contexto ―la universidad― diseñado para estudiantes adultos y la pérdida de muchas experiencias propias de la infancia.

«Se perderá el entrenamiento social del día a día, todo lo que no tiene que ver con contenidos y currículo. Por ejemplo, saber comportarse en el patio, gastarse bromas entre los amigos de primaria y secundaria y socializarse con sus iguales. Esto repercutirá en la construcción de su identidad», explica Tárraga, profesor colaborador del máster universitario de Dificultades del Aprendizaje y Trastornos del Lenguaje. Por ello, el experto cree que avanzar al niño diez cursos es «una barbaridad», y tanto él como Duch añaden que la preadolescencia y la adolescencia son periodos muy frágiles de la vida en los que entran en juego muchos elementos que pueden repercutir en el equilibrio y la estabilidad de los niños.

La experta explica otros problemas que pueden derivarse del adelanto de curso en las personas con altas capacidades. Por ejemplo, si el niño no está preparado, separarse de sus amigos puede ser un trauma. A veces, las diferencias físicas con los nuevos compañeros de pupitre pueden derivar en casos de acoso.

Para González, los niños que saltan de curso a menudo están muy presionados, incluso por la propia familia. Que el niño saque un siete en una materia puede ser una frustración para los padres, que creen que con su capacidad siempre debe sacar un diez. En ese sentido, González, que también es psicóloga, recomienda a los padres que cambien la mirada que tienen sobre este hijo. «Muchos vienen a la consulta preguntándose qué deben hacer con su hijo superdotado. Les decimos que intenten que el niño juegue con otros chicos, que no lo vean solo como un niño que tiene altas capacidades», explica. El profesorado, si no está bien formado, también puede incidir de forma negativa en el niño. «Hay maestros que los ven como una amenaza o como unos impertinentes», explica.

Muchos casos sin diagnosticar

Hay niños con altas capacidades que sufren fracaso escolar, hecho que puede parecer una paradoja. Según González, esto se debe a la presión social y al aburrimiento. «Se desmotivan; necesitan un enriquecimiento curricular, hacer tareas que sean un reto, ya que, si no, pierden motivación y pueden llegar a rechazar la escuela», añade Tárraga, que considera que el sistema educativo actual no está suficientemente preparado para detectar niños con altas capacidades. Y no lo está ―explica― porque normalmente estos niños son «la última prioridad» cuando hablamos de niños con necesidades específicas. «Otros trastornos, como el autismo o la hiperactividad, preocupan más», mantiene.

Según datos del Ministerio de Cultura y Deporte, a finales del curso 2016-2017 solo había identificados poco más de 27.000 alumnos con altas capacidades de los más de 8 millones de alumnos no universitarios escolarizados, lo que representa el 0,33% del total. Los datos no coinciden con los recogidos por la Asociación Española para Superdotados y con Talento, que asegura que existen varios estudios que sitúan la superdotación entre el 2% y el 10% del alumnado. De los no diagnosticados, se estima que la mitad tendrá fracaso escolar. En cuanto al perfil, se detectan más niños con altas capacidades que niñas, lo que no significa que haya menos, sino que ellas tienden a disimular más su condición y pasan más desapercibidas.

Los expertos consideran que las escuelas necesitarían más recursos y más formación del profesorado en esta detección, en concreto del tutor, que es quien más horas pasa en clase con el niño. Tárraga no es partidario de las escuelas exclusivas para niños con altas capacidades. «Segregar por bajas o altas capacidades es igual de malo», dice.