La RD en inminente peligro

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EL AUTOR es poeta. Reside en Uruguay.

MONTEVIDEO, Uruguay- El canciller  dominicano, Miguel Vargas Maldonado, le respondió a la designada embajadora de los Estados Unidos, Robín Berstein, quien dijo que va a la República Dominicana a “hacer valer los derechos de los haitianos apátridas que están aquí”. 

El jefe de la diplomacia dominicana tuvo que aclararle a la señora embajadora que la RD “es un país “libre y soberano y no acepta injerencia de ninguna otra nación”

En el año 1949 el poeta Pedro Mir llamó a la República Dominicana “un país pequeño y agredido”. Años antes los políticos estadounidenses Charles Summer, congresista, en 1870 y Summer Welles, diplomático, en 1920, habían dicho que esta media isla era La Viña de Naboth, haciendo analogía con una leyenda de la antigüedad que los autores de la biblia asumieron como suya.

Los países ricos (Estados Unidos, España y también Francia) y el vecino pobre, Haití, llevan siglos intentando apoderarse de las tierras de la República Dominicana, la que Cristóbal Colón, cuando la vio, creyó que había llegado al paraíso. 

Se disputaban cuál de ellos la convertiría en colonia, y todavía Haití, a su manera y sin el uso de las armas que tanto blandieron en el pasado, lo sigue intentando.

Durante más de quinientos años la media isla ha sido asediada y ha tenido que resistir       contra todos los poderes para preservar lo que, tras la dura lucha de un grupo de jóvenes revolucionarios conducidos por el tenaz Juan Pablo Duarte, conquistó el año de 1844:  la construcción de un Estado libre e independiente.

Hoy, el pequeño país, situado en el archipiélago de las Antillas,  de 48 mil quilómetros cuadrados y 10 millones habitantes está en peligro de desaparecer; se enfrenta a la infausta amenaza de transformarla en algo que puede ser una confederación con sus vecinos, o degenerar, ante el desborde migratorio que supere su población, en un estado fallido, lo mismo que es Haití.

Se está poniendo en práctica una política planificada por extranjeros con ayuda de nacionales que estimulan una invasión “pacífica”  poniendo a la Republica Dominicana en el inminente peligro de caer ante quien desde el 1801 es su confesado enemigo: Haití, un “Estado” que siendo el vecino cercano, ha actuado desde su proclamación como un vecino malo, hostil y peligroso; que ha invadido repetidamente su territorio, con guerras de rapiña que le han costado a la R.D. miles de vidas de soldados y civiles.

Haití buscó y aún sigue buscando tierra, borrar frontera, extender su  geografía, controlar sectores de la economía y en el futuro cercano tener presencia política en la RD.

Históricamente Haití nunca pudo apoderarse de un palmo de tierra dominicana, pero hoy está a punto de conseguir ese objetivo si no se genera una movilización del pueblo dominicano para impedirlo.

Los artífices del precitado plan, en el que están comprometidos los que deciden el destino del mundo, con el respaldo de poderosas ONG nacionales y sectores de la religión, han puesto poder político y económico al servicio de ese proyecto anti dominicano.  

  Transportan, ante ojos incrédulos, a miles de mujeres haitianas a parir en hospitales de la R.D. pretendiendo que millones de niños de ese país en el futuro puedan adquirir derechos. Según las cifras reveladas las parturientas haitianas superan en más del 53 por ciento a las dominicanas en los hospitales de Santo Domingo y las principales ciudades. 

¿Cómo llegan?  Sólo lo saben el ejército corrupto y una policía que le otorga a los haitianos el control de ambos lados de la frontera.

Los gobernantes haitianos, a partir del liderazgo del presidente Michel Martelly, iniciaron una campaña con el nombre “Ocupando nuestro territorio”, y lanzaron a cientos de miles de sus ciudadanos a tomar el control de la frontera y hoy están en los centros urbanos como parte importante del movimiento económico, en muchos barrios y ciudades ya superan a la población dominicana y construyen en terrenos que les arrebatan al patrimonio de los dominicanos, ocupándolos con la mayor impunidad.    

La Republica Dominicana no advirtió a tiempo la premura haitiana por apoderarse del sistema de salud,  de los cruces fronterizos, de la construcción, de la mano de obra en la agricultura, en el turismo, etc.,  y sólo vio un tema económico que convertía a Haití en su principal socio comercial. Sin advertir que las calles de la República se estaban llenando de pobreza e inseguridad, ni el peligro de la pérdida de la soberanía.  

Por la frontera han cruzado masivamente repartiendo unos dólares entre los soldados que “la cuidan”, para que estos no vean lo que ven.

Hoy, se especula (porque han entrado en masa sin documentos y por lo mismo no existen estadísticas) que a la República Dominicana pueden haber entrado 2 millones de haitianos ilegalmente, la mayoría obreros agrícolas, trabajadores de la construcción y pordioseros que han llenado las calles de indigentes y de niños que son vendidos al que mejor precio ofrezca. 

A protegerlos de la deportación, a presionar y acusar a los dominicanos de racistas, va a Santo Domingo la nueva embajadora de los Estados Unidos, según sus propios dichos.

Ante esa invasión se percibe que la cultura dominicana empieza a ceder elementos de sus raíces lo cual se puede comprobar con solo dar un paseo por los barrios de la capital, por las plantaciones, mercados, o por los centros turísticos costeros.  Se está abriendo paso a una cultura “binacional”.

Esa invasión letal encamina a la República Dominicana a una humillante e inadvertida derrota. La campaña “Ocupando Nuestro Territorio” habrá dado cumplimiento a la proclama de Toussain Louverture, cuando dijo que la isla era “una e indivisible”

La señora Bernstein adelanta que su función diplomática en la República estará centrada a favor de los haitianos, intentará quebrarles el brazo a los dominicanos y consagrar la encomienda que le hace el senado que la está confirmando en el cargo: conseguir que los 11 millones de apátridas nacidos en Haití, sean convertidos en ciudadanos dominicanos.

Si la República Dominicana no asume la expulsión de los millones de haitianos que han entrado ilegalmente, en unos 20 ò 30 años más ese país será sólo un recuerdo de lo que es: La rapiña y el desorden que es característica intrínseca de los haitianos, se habrán apoderado de la herencia que nos dejaron nuestros padres. Y ante el hecho consumado, a los dominicanos no les quedará más remedio que emigrar a otro lugar porque los haitianos habrán impuesto el caos social.

El senador Charles Summer al pronunciar un discurso en el Congreso de su país en 1870 denunció la intención estadounidense de anexar a la República Dominicana y convertirla en un Estado más de la Unión. Era una de las prioridades del presidente Ulises Grant, quien había firmado un tratado que enajenaba la soberanía dominicana por un monto inferior a los 200 mil dólares con su homólogo Buenaventura Báez.  Sommer, opuesto a ese tratado, se inspiró en la dramática leyenda de la antigüedad para citar textualmente:

Ocurrió que Naboth, de la tribu de Jezrael, poseía una viña cerca del palacio del Rey Acab, de Samaria. El rey se dirigió a Naboth y le dijo: dame tu viña para hacer mi huerto, ya que está muy cerca de mi casa y en cambio, te daré una viña mejor o si te parece, la pagaré con dinero. Entonces Naboth le dijo al rey:  El Señor me prohíbe que yo entregue la heredad de mis padres”.