Corrupción política y narcotráfico, el juicio del Chapo en Nueva York

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El ‘Chapo’ en una presentación en la pista de aterrizaje de la Marina en Ciudad de México, el 22 de febrero de 2014. Henry Romero / Reuters

El pasado 13 de noviembre empezó en una corte federal de Nueva York el juicio contra Joaquín Guzmán Loera, conocido internacionalmente como ‘El Chapo’. Este juicio ha acaparado la atención porque tal vez sea el narcotraficante de mayor jerarquía que haya sido juzgado en EE.UU. y porque promete arrojar importantes revelaciones de cómo se maneja el negocio del narcotráfico, no solo en México sino las conexiones que existen en Colombia, en decenas de ciudades estadounidenses y hasta en el Sureste asiático, en mercados como el de Malasia.

Pero lo más importante no será saber el detalle del negocio de la droga, su producción y comercialización ni tampoco cuestiones incidentales acerca de la riqueza o crueldad en la que se desenvuelven cotidianamente estos personajes vinculados a la ilegalidad. Lo más relevante será descubrir cómo, a pesar de la ilegalidad y violencia que caracteriza a sus actividades, han sido capaces de gozar de un alto margen de impunidad, especialmente el Cártel de Sinaloa, la organización que dirigía ‘El Chapo’. No se tiene un negocio de decenas de miles de millones de dólares en la clandestinidad de un punto en la sierra o a salto de mata. Se necesita la complicidad de la policía, los políticos, la élite empresarial y financiera, y no solo en México, sino también internacionalmente.

El narcotráfico suele comprar negocios que incluyen cosas tan llamativas como hoteles, restaurantes y bares o casas de empeño. Tienen participación accionaria en deportes profesionales o siendo representantes de músicos y artistas. Ya en los años ochenta se decía que el narcotráfico estaba incrustado en el sistema bancario nacional y que operaba a la luz de todos. Todo es más parecido a un sistema que funciona como reloj suizo que como el negocio cargado en las espaldas de un solo hombre, sea ‘el Chapo’ Guzmán o los líderes anteriores como Amado Carrillo, Félix Gallardo y Caro Quintero, en México; o Pablo Escobar en Colombia. ¿Imperios así se pueden construir en la clandestinidad y huyendo de las autoridades todos los días? Parece poco probable.

La estrategia de la defensa es mostrar que ‘el Chapo’ Guzmán es solo una pieza de un entramado mayor, que no es un narcotraficante todopoderoso sino un eslabón de la cadena. Guzmán sería algo así como el gerente de producción. Faltaría saber quien es el gerente de finanzas o el director de seguridad. En las primeras declaraciones se afirmó que se llegó a sobornar a los presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto con pagos de hasta seis millones de dólares. Uno de los principales testigos en contra de ‘el Chapo’ es Jesús ‘El Rey’ Zambada, hermano de Ismael ‘Mayo’ Zambada, el otro líder del Cártel de Sinaloa quien, por su parte, afirma que él le dio millones de dólares a Genaro García Luna, Secretario de Seguridad Pública del expresidente Felipe Calderón como pago para proteger a la organización de Sinaloa.

Las declaraciones de soborno y corrupción tanto de ‘el Chapo’ Guzmán como de ‘el Rey’ Zambada, podrían no ser ciertas, pero de igual manera abren la duda razonable de cuanto están involucrados miembros de alto perfil del Estado mexicano, que puede incluir igualmente a generales del ejército, jueces, miembros de la policía o legisladores. Para quienes piensen que todo es mentira o una fantasía de los capos de la droga, deben recordar la figura de Arturo ‘El Negro’ Durazo, amigo personal desde la infancia del presidente José López Portillo (1976-1982), quien como jefe del Departamento de Policía de la Ciudad de México estableció conexiones con el narcotráfico.

Corte Federal de Distrito del Este de Nueva York. AFP

El juicio de ‘el Chapo’ en Nueva York pronto se ha convertido colateralmente en un juicio al Estado mexicano por corrupción. Junto con los miembros del Cártel de Sinaloa se está poniendo en el banquillo de manera indirecta al sistema político mexicano, debido a las revelaciones de soborno que se han hecho en la Corte Federal de Brooklyn. Pero, con la acusación a los políticos mexicanos también el lodo empieza a salpicar a los políticos estadounidenses. A García Luna se le otorgó una visa de residencia en EE.UU. que a pocas personas en el mundo se les otorga, lo que le permite llevar una vida como empresario en Miami. García Luna, además, tiene como socio de su consultoría a José Rodríguez, número dos de la CIA por un tiempo. Así, en el juicio actual no están saliendo muy bien paradas ni la CIA ni la DEA, ni tampoco algunos políticos estadounidenses.

Ante esta oleada que señala la corrupción a políticos mexicanos de alto perfil y a algunos estadounidenses, fiscales del gobierno de EE.UU. interpusieron un memorando sellado para impedir que parte de los testimonios se hagan públicos. Es claro que cualquier imputado deber contar con la presunción de inocencia, que los dichos de los miembros del Cártel de Sinaloa deben ser tomados con cautela y que primero deberán ser probados, pero, evitando que se hagan públicos las declaraciones ¿a quién se busca proteger? ¿a los políticos mexicanos, a los estadounidenses, a ambos?

El ‘Chapo’ es escoltado por agentes de policía en Ciudad Juárez, México, mientras es extraditado a Nueva York, EE.UU.,19 de enero de 2017. Reuters

En medio de un juicio que se puede desvirtuar convirtiéndose en una novela de dimes y diretes, no está de más recordar la tesis que Oswaldo Zavala, catedrático de CUNY, ha esbozado en su último libro ‘Los cárteles no existen. Narcotráfico y cultura en México’: que la ‘guerra contra las drogas’ es una narrativa creada por las autoridades para ocultar otra realidad, una estrategia estatal destinada al control político y a la apropiación de los territorios ricos en recursos naturales. Pone como ejemplos los casos de Tamaulipas y Ciudad Juárez, donde la militarización ha facilitado el expolio del gas natural ‘shale’ por parte de conglomerados trasnacionales. Esta narrativa ha encontrado eco a nivel nacional, dice Zavala, porque muchas veces es reproducida acríticamente por periodistas y medios de comunicación.

Sea cual sea el caso, los medios periodistas y analistas tenemos que tener el cuidado de no convertir el juicio en Nueva York en un circo de acusaciones e irnos con cortinas de humo que busquen distraernos de los verdaderos responsables de esta ‘guerra contra el narco’. Sin lugar a dudas, ‘el Chapo’ es responsable de varios delitos, pero no hay que perder de vista el panorama general y quiénes se han beneficiado de la violencia de este capitalismo salvaje que es el narcotráfico, de la adjudicación ilícita de territorios que cuentan con gran cantidad de recursos naturales, y que funciona como una acumulación por despojo. Debemos analizar el caso con profundidad y no nada más como revelación de chismes de la cultura de la violencia y lo ilegal.

@BuenrostrJavier