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Henry Pinto

Después de la provocación perpetrada por Ucrania en aguas rusas en el estrecho de Kerch del pasado domingo 3 cosas han quedado claras: Kiev sigue empeñado en usar el victimismo para consumo interno de cara a unas elecciones, Occidente continúa tratando a Rusia como un paria en la escena internacional y la más importante de todas es que Moscú sí defiende su soberanía.

Cualquier país que se respete se mantiene firme en la defensa de sus fronteras, de su soberanía. Aunque en el caso de las aguas del estrecho de Kerch hay unas circunstancias especiales, debido a que hay un convenio suscrito entre ambos países sobre la cooperación en el uso del mar de Azov y el estrecho de Kerch de 2003 y la reintegración de Crimea ha variado en parte la soberanía de las aguas, lo anterior no es motivo para que elementos de la Armada de Ucrania se comporten como corsarios. De hecho estas circunstancias no son nuevas, es algo que está en vigor, con sus citadas variaciones, desde hace varios años y hasta ahora no había surgido ningún problema, y los buques militares ucranianos han surcado sus aguas cumpliendo lo establecido y de común acuerdo y forma.

Por ello es evidente la provocación, cuando Rusia trata de restablecer la normalidad en sus relaciones con Occidente casi cada mes surge un episodio para que el contador no se pueda poner a cero: el caso Skripal, las acusaciones de espionaje de Austria y ahora la violación ucraniana de las aguas rusas para presentarse como víctima ante Occidente.

Legítima defensa

Llama poderosamente la atención la postura unánime de Occidente (EE.UU. y la Unión Europea), de la OTAN condenando a Rusia. Parece que nadie se ha molestado en estudiar el incidente y ver que los tres buques de la Armada ucraniana violaron de los Artículos 19 y 21 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Según ha denunciado Rusia, la Guardia Costera dio instrucciones a las naves ucranianas que no solo no respetaron sino que subieron la apuesta realizando acciones peligrosas. Ante lo anterior un navío ruso abrió fuego y tres militares resultaron heridos y luego las tres naves fueron apresadas.

A lo anterior hay que recordar que Kiev ya intentó echar por tierra el puente -inaugurado el 16 de mayo- que une la península de Crimea con la Rusia continental, argumentando en noviembre pasado que la construcción en el estrecho de Kerch afecta directamente a la infraestructura de transporte y a la economía de Ucrania, por lo que pidió introducir nuevas sanciones contra Rusia para frenar las obras del citado puente de Crimea.

Ejemplo reciente

Cuando vi el episodio del domingo recordé el caso del pesquero chino descubierto infraganti pescando en aguas argentinas en febrero pasado. En vista de que no respondía a las exigencias de la Guardia Costera de Argentina, abrieron fuego. Nadie cuestionó a Argentina por defender su soberanía, estaba en todo su derecho, pues en el caso del estrecho de Kerch, Rusia aplicó el mismo criterio, con la salvedad de que eran tres naves de guerra.

EE.UU. no se lo pensó dos veces cuando en julio del 2015 un buque de la Quinta Flota disparó contra un pesquero iraní en el Golfo porque se sintieron amenazados. La Marina mexicana disparó contra un pesquero de EE.UU. en agosto de 1994 porque pescaba ilegalmente en sus aguas.

Lo más importante de todo no es constatar que Moscú está prácticamente solo en la arena internacional, que eso es evidente por las crisis artificiales generadas por otras naciones, sino que Rusia está dispuesta a hacer respetar su soberanía, sin importar los intentos de Kiev, en este caso, de elevar una crisis en Ucrania, cuyos gobernantes hacen cálculos electorales e imponen leyes marciales para buscar una exigua unidad nacional contra el enemigo externo, cuando visto lo ocurrido durante y después del Maidán, el enemigo lo tienen en casa.

Henry A. Pinto Periodista y asesor político
Twitter: @hapinto2